sábado, 21 de enero de 2012
Siempre he creído que los buenos no son tan buenos, ni los malos son tan malos. Que a veces un asesino puede apiadarse antes de una persona que un santo. Y que las balas traspasan algo más que carne y huesos. Que entre tantas caladas no queda tiempo para echar de menos y que las vidas de los gatos están sobre valoradas. Todas las madres dicen que de lo guapo no se puede vivir pero ninguna mujer dice que no a una gran espalda y unas bonitas manos. Y que me venga a buscar a la salida. Siempre he creído que eso es lo más importante, las promesas de amor eterno ya no valen nada, a mi eso me importa una mierda, pero que me venga a buscar a la salida, con una bonita sonrisa y que cuando me vea venir se le pongan los pelos de punta. Que todo aquello que no eliges es lo que te define, o eso leí en algún lado. Que si eliges demasiado acabas siendo una egoísta, y eso es lo que "pretendes" no ser. Pero yo te quiero para mí. Además, ¿y qué si soy egoísta? Las demás "tías" por llamarlas de alguna manera, no tienen nada que ver con nuestra química, física, magia, o lo que sea. Siempre he creído que algún día sería una persona retorcida, oscura, de las que asustan tan sólo llegar con ese pelo negro cortísimo y esas botas y el cuerpo lleno de cuero negro por todos lados. Nunca he llegado a serlo ni creo que lo sea y menos contigo. No creo en arcoiris ni en la vida de color de rosa, pero creo en tu sonrisa. Siempre en tu sonrisa. Sino, ¿para qué coño seguiría sonriendo? Creo que nuestro apetito sexual mutuo nos llevará más lejos que cualquier cohete a pesar de lo que puedan llegar a decir sobre ello. Que extasiarse de nuestro olor solo es el principio. Ah, se me olvidaba decir que no creo en los finales felices, ni en los tristes, nada tiene un final definitivo. Nada.
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