viernes, 30 de marzo de 2012

Tenía tantas cosas que decirle que aún si callaba me salían subtitulos. No sabía qué hacer, qué sentir, hacia donde tenía que mirar. ¿Qué coño era lo que sentía? Rabia, dolor, impotencia... Había tantos estados de ánimo correteando por mis venas. Aquellas carreteras se habían roto del todo, tú las habías roto con tus palabras, y yo me encontraba en algún maletero sola, esperándote todavía. Nunca quise creerme aquello de "las palabras se las lleva el viento" pero tú me obligaste a hacerlo, dónde estaban ahora todas ellas? Tan sólo te importó violar corazones en salas de estar, cambiar de marcha, de dirección incluso de carretera sin importar qué se te cruzaba por el medio. Las noches se volvieron demasiado frías y tus manos ya no tenían la misma textura.
-Llámame cuando te canses de todos aquellos alientos sin sentimiento...-
Aunque como bien dicen, "tanto hablar del fin que ahora a penas duele" y tenían razón. Las cosas parecen más complicadas de lo que son, deseé ser todas ellas a la vez en un mismo cuerpo, para sentirte, para escuchar tu voz, para notar tus manos recorriendo mi piel. Ahora llegas tan tarde, tan vacío, tan lleno de nada. Y yo ardo en deseos de violarte, una y otra vez, así como me dejaré los zapatos puestos, para salir corriendo nada más acabar y no me importará no ver tu cara otra vez.





lunes, 12 de marzo de 2012

Si quieres nos perdonamos y buscamos alguna otra excusa, que también se nos gastará. Si quieres, volvemos al principio, y, paso a paso, aprovechamos a vivir-nos un poco más, con todo lo que éso conlleva y que después de las prisas, las ganas y las ansias, nunca supimos entender del todo. Las ganas nunca desparecieron, a pesar de este viento frío que solo traía desesperación por volver a sentir. Si quieres, te como la boca en medio de algún parque, y de tanto en tanto abro los ojos para comprobar que no te volverás a ir, para comprobar que no me vas a soltar. Si te apetece volvemos a las andadas, tu estiras y yo me dejo ir, a donde quieras, porque yo siempre te seguía. No sé por qué, pero siempre acababa tirada por ahí, desnuda, contigo. Y siempre me dejaba los zapatos puestos, supongo que por miedo, no quería que me abandonaras, de alguna forma tenía prisa en salir corriendo, a pesar de que no sabía ni en qué dirección correr, ni en qué coño iba a hacer cuando parase. Si quieres... volvemos a las carreteras infinitas, al sudor, a tus ganas.